Continúo con la reflexión sobre el compromiso. Y como apuntaba en el post anterior, en esta segunda parte me voy a centrar en cómo facilitar el compromiso de las personas desde el liderazgo.
Creo que, para las personas que tienen la responsabilidad de ejercer liderazgo, existe una premisa en cuanto se trata del compromiso de las otras personas. Y es que no pueden considerar que su propio nivel de compromiso sea el umbral de referencia con el que medir el compromiso del resto. Que una persona desde una posición elevada en un organigrama concluya que alguien no está comprometido porqué no prioriza o no renuncia exactamente como él lo haría es una injusticia.
Y es que alguien que obtiene, por la posición formalizada que ocupa, unos beneficios superiores del sistema o de la organización debe adquirir y mostrar un compromiso superior a las otras personas que obtienen unos beneficios inferiores.
Ese compromiso superior se hace visible mediante la auto exigencia y el ejemplo con el que actúa quien ejerce liderazgo. Y cuando las personas sentimos que quien tiene la responsabilidad de liderarnos actúa con auto exigencia y ejemplo positivos, es cuando estamos dispuestos a adquirir un compromiso con ese liderazgo y, por tanto, con el entorno próximo o social en el que nos desempeñamos.
¿Cómo facilitar el compromiso de las personas desde el liderazgo? Detallo a continuación unas cuantas preguntas que pueden ayudar a encontrar respuestas:
Parece muy evidente qué es necesario hacer desde una posición de liderazgo en una organización para facilitar el compromiso de las personas. Pero, existe una complicación. Y es que los liderazgos de una organización están entrelazados y se contaminan entre ellos, para lo bueno y para lo malo, cuando se trata de facilitar compromiso desde la auto exigencia y el ejemplo.
La coherencia visible en los valores y en los principios de las personas que tienen la responsabilidad de ejercer liderazgo es la clave para crear organizaciones comprometidas.