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Reflexiones y aprendizajes sobre el compromiso (1)

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El tema del compromiso de las personas ha sido y continúa siendo uno de los conceptos sobre los que se da más vueltas en cuanto se habla de liderazgo, personas, actitudes, equipos y competitividad. Y es que es muy clara la relación entre compromiso, productividad y retención del talento. Este año, supongo que por la influencia de la recesión y porqué la convivencia generacional en las organizaciones es ya una realidad más que tangible, he vivido muchos diálogos sobre el compromiso que me han permitido construir un poco más de criterio sobre este concepto. Y quiero poner sobre “papel electrónico” mis reflexiones y aprendizajes. Dividiré la reflexión en dos partes: en la primera, motivo de este post, desarrollaré mi visión sobre el concepto compromiso; y en la segunda, motivo del próximo post, explicaré cómo creo que es posible facilitar el compromiso de las personas desde el liderazgo.

En primer lugar, y creo que es algo que se olvida con demasiada facilidad, el compromiso que una persona adquiere con algo es una decisión totalmente voluntaria. Visto con una perspectiva radical, la persona tiene el derecho de decidir qué nivel y tipo de compromiso quiere adquirir. Es imposible obligar a las personas a comprometerse.

Quizás debo empezar por explicar qué entiendo por compromiso. En mi opinión, el compromiso es mi nivel de auto exigencia con mis acciones y decisiones respecto al éxito de la organización (entorno social), al éxito del equipo del cual formo parte (entorno próximo) y a mi propio éxito (entorno íntimo). Por tanto, el compromiso se hace visible a través de mis comportamientos de auto exigencia, y es efectivo cuando consigo un equilibrio satisfactorio entre el éxito de los tres entornos: social, próximo e íntimo.

Si mi compromiso no es equilibrado y se centra mayoritariamente en uno de los entornos, es cuando se producen tres tipos de disfunciones: las perversiones (personas corruptas o “yoístas”), que inciden negativamente en la voluntad de compromiso de las otras personas; las frustraciones (la negación del yo y de sus necesidades y motivos), que acaban incidiendo negativamente en mi voluntad personal futura de comprometerme; y el desorden (corporativismo o “departamentismo”), que genera ineficiencias, derroche de energías y conflictos afectivos entre personas. Estas tres disfunciones son las responsables de la desafección de las personas.

El compromiso, como ejercicio de auto exigencia y de equilibrio, implica renunciar y priorizar. Y los criterios con los que cualquier persona opta por renunciar a algo, porqué prioriza otra cosa, son totalmente personales y además cambiantes en la evolución vital de esa persona. Por tanto, es un error esperar encontrar o liderar un entorno de personas permanentemente comprometidas y que lo están de la misma manera.

A la hora de renunciar y de priorizar tenemos en cuenta un conjunto de factores. Algunos son racionales o tangibles en cada momento concreto, y otros son intangibles y más difíciles de argumentar ya que son muy intrínsecos de nuestras creencias o preferencias. Pero, en cualquier caso, la renuncia o la priorización, y por tanto el compromiso, generalmente no son gratuitos. Tenemos tendencia a comprometernos con el éxito de los entornos externos (social y próximo) cuando percibimos respeto hacia nuestro éxito personal (nuestros intereses y nuestros motivos). Ante la duda sobre el respeto hacia el éxito de nuestro entorno íntimo, la probabilidad de desafección de la persona aumenta. Esperar compromisos gratuitos de las otras personas es vanidad o candidez. Los compromisos gratuitos son cosa de héroes y heroínas, y aunque personas heroicas “haberlas haylas”, el heroísmo es escaso y se da en situaciones límite o puntuales. Mantenerlo de manera indefinida en el tiempo o confiar que cualquier persona puede querer ser heroica… no sé, no sé.

2 comentarios

  1. Jordi dice:

    En mi opinión el compromiso va ligado con la generosidad de la persona y directamente unida a la actividad que realiza la empresa dentro de la escala de valores que tu manejas; unido logicamente a la pasión que el lider sea capaz de transmitir. Pasión verdadera, medida y avalada con la coherencia de sus actos.
    Para el compromiso sano y duradero, debe de existir amor con toda la amplitud de la palabra; y mientras no seamos capaces de unir el amor al trabajo solamente nos moveremos por aspiraciones economicas y de poder. VIRGILI: me apasiona como escribes pero no dejes de lado tu parte más humana, que es la que realmente te hace grande y diferente.

  2. Virgili Delgado dice:

    Jordi, muchas gracias por tu comentario. Muchas gracias también por recordar el valor de ideas como la generosidad, la pasión y el amor. Y, sobre todo, muchas gracias por recordarme lo que no se debe olvidar. Espero poder seguir leyéndote por aquí.

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