
De nuevo me ha tocado vivir unas cuantas conversaciones con directivos sobre valores y su encaje en el funcionamiento de las organizaciones. Bueno, más que conversaciones lo que hemos mantenido han sido debates dialécticos de temperatura estival. Reconozco que cuando escucho argumentos como que “eso de los valores es sólo humo”, o “lo que importa son los resultados, lo demás son gil…….es”, o “asegura que la gente esté satisfecha y ya traerán los pedidos” a veces me cuesta controlar un poco el tono de mi discurso.
Para mí es evidente la relación entre valores y resultados. De hecho, estoy convencido de que un mismo equipo en una misma compañía y en una misma situación de mercado, actuando a partir de unos valores o de otros conseguirá resultados diferentes.
Entiendo un valor como una convicción íntima a partir de la cual construyo mis decisiones y mi relación con el entorno. En base a mis valores defino mis actitudes ante las situaciones que me encuentro, y estas actitudes determinan mis comportamientos y mis hábitos. Que son los que generarán los resultados que obtengo, sean del tipo que sean (un pedido, una sonrisa, un conflicto o un beso). Y, finalmente, la valoración que hago de la experiencia que me ha llevado al resultado (o que ha llevado a otra persona de mi círculo próximo) es lo que hará que confirme el valor, que descubra la necesidad de modificarlo o la de incorporar uno nuevo.
Según este esquema, un directivo que con su ejemplo promueva el oportunismo generará comportamientos oportunistas en su equipo y obtendrá resultados oportunistas. Pero que no espere liderar una organización con visión y estrategia, o con unos procesos de innovación tecnológica efectivos, por ejemplo. Y si promueve la creencia que todas las personas pueden aportar buenas ideas, seguramente va a estar liderando una organización con buenas dinámicas de trabajo en equipo y con cultura de desarrollo personal.
Creo que voy a empezar a utilizar otro ejemplo para ayudar a visualizar la importancia de los valores en las organizaciones y su impacto en los resultados: Vito Corleone, el genial personaje de la saga de El Padrino, interpretado por Marlon Brando.
Don Vito lideraba su organización mafiosa con mano dura y guante de seda (bueno, la mano dura pesaba un poco más). Y todas las personas de esa organización tenían muy claro los valores nucleares que la regían: el beneficio económico es lo más importante; la familia es el espacio que debemos defender; la lealtad incondicional es la base de nuestra relación; las personas tienen un precio.
Sin entrar a juzgar la moral de estos valores, creo que son evidentes los comportamientos que se derivan de ellos y los resultados que generan. Y la conclusión de las películas también presenta los resultados que se generan cuando hay personas en la organización que no sienten coherencia entre sus valores personales y los de la organización donde se desempeñan.
Quizás el ejemplo sea un poco extremo. Pero en la didáctica y el desarrollo es muy buen recurso utilizar modelos y ejemplos extremos ya que facilitan el proceso de conceptualización del aprendizaje.
Me identifico con Humberto Maturana, al pensar los valores como conductas relacionales. Todo aquello que posibilita construir, crecer, juntar, permanecer.
Muy importante Virgili continuar con la discusión sobre los valores en todos los ambitos sociales, especialmente en el empresarial.
Me gusta el planteamiento de Maturana. Unir valores y relaciones me parece muy acertado. Y el debate, por supuesto, tiene que continuar. Aunque a veces parezca mentira que haya que seguir hablando del tema
Gracias por estar por aquí.
Como dice Virgili, parece mentira tener que argumentar el impacto de los valores en la vida y acciones de las personas, grupos y organizaciones. Lo que si me parece interesante es seguir reflexionando sobre los valores y si de forma originaria se conceptualizan como valores en positivo (de construir, crecer, juntar,..). Algunos generan estos efectos, otros (como Don Vito u otros Dones) disgregan, separan, tensionan,… Como usar loa valores para generar cambios en positivo, acciones de mejora, de bienestar,… ese es para mi el debate. Especialmente si lo que generan es una sonrisa o/y un beso.
Pues eso, Besos para Todos/as.
Fran, estoy de acuerdo contigo en el uso necesario de los valores para generar cambios en positivo. La clave está en hacer muy visibles en las organizaciones los resultados generados a partir de determinados valores, recompensando aquellos que construyen, crecen, juntan y enriquecen a las personas. Además, como se deduce en tu comentario, según la intencionalidad del liderazgo al actuar, los valores se moverán hacia lo positivo o hacia lo negativo. Por eso, un concepto como la lealtad, que seguro que nos suena a positivo, en manos de Don Vito Corleone se convierte en un secuestro (más o menos aceptado por la recompensa que recibe la lealtad hacia él).
Besos a tí también y gracias por pasar por aquí.
En relación con los valores quiero destacar otra idea (que también es de Virgili): cuando una organización dispone de unos valores -universalmente reconocidos, aceptados por la mayoría, valores que son objeto de consenso-, está favoreciendo la identificación por parte del equipo humano de la empresa. Cuando las personas sentimos que nos encontramos en un entorno con el que compartimos nuestras convicciones, estamos más dispuestos a movilizar nuestro talento de cara al logro de unos objetivos.
Santi, quizás la idea sea mía, pero me parece que tu comentario es muy claro y contundente. Y, evidentemente, lo comparto en su totalidad. Cuando encontramos en nuestro entorno coherencia con nuestros valores y creencias, estamos mucho más dispuestos a comprometernos para que ese entorno permanezca y crezca. Gracias por tu comentario.