Una de las lecturas que me han ocupado este verano ha sido “Sakamura, Corrales y los muertos rientes”, de Pablo Tusset y editado por Destino. Una obra muy recomendable para pasar un buen rato y dejar escapar más de una carcajada de aquellas que provocan miradas extrañadas en las personas que tienes alrededor mientras lees. Un relato muy divertido, ingenioso, políticamente incorrecto y que puede ayudar a que pongamos algunos temas de actualidad permanente en su sitio justo. Vaya, que igual que a mí me lo recomendaron (¡gracias Pep!), yo también lo recomiendo.
Reproduzco a continuación un fragmento, en el que dialogan el President de la Generalitat y uno de los Consellers de su gobierno:
-… Eh…, a lo que íbamos: en el caso de que encontremos a alguien en Oriente Medio que nos vendiera otro Reconector, habrá que volver a escaquear un pico del presupuesto, así que a ver qué se nos ocurre…
-Bueno, podríamos recortar algunos servicios de sanidad… -propuso el Conseller, en su incompetencia de segundón.
-No seas cenutrio, caray: la sanidad no se recorta nunca, ¿no ves que todo el mundo se fija en eso? Tiene que recortarse siempre lo que pase más desapercibido… Educación, por ejemplo, que no se nota el efecto hasta que pasa una generación entera.
Mi intención no es hacer una valoración política de este diálogo, porqué seguro que cualquier persona podría demostrarme fehacientemente que cualquier gobierno, autonómico o del Estado, y de cualquier color del espectro político, ha aumentado las inversiones en educación cada año. Pero podría responderle que aunque hayan aumentado las inversiones, al provocar un aumento de la confusión sobre el marco legislativo y normativo del modelo educativo, lo que han acabado generando ha sido un recorte con mayúsculas de su calidad. Y se lo podría demostrar fehacientemente la generación que se está incorporando en este momento al mercado de trabajo; y, lo que me preocupa más, la demostración que puede llegar a hacer la generación en proceso de educación actualmente.
Mi intención es aplicar la afirmación final del President a la situación actual de las organizaciones y algunas decisiones que se están tomando. La crisis económica ha forzado a muchas compañías a decidir recortar o congelar sus inversiones en formación y desarrollo durante este año. Creo que, en muchos de los casos, es un tipo de decisión lógico y correcto dada la coyuntura actual. Y si es algo circunstancial, con voluntad y esfuerzo en el futuro próximo será posible recuperar el tiempo perdido y la predicción del efecto negativo del President no se hará realidad. Seguiremos mejorando el talento de las personas e incrementando nuestra productividad. Pero, ¿y si las personas que dirigen las compañías incorporan un esquema de razonamiento similar al de los políticos de la obra de Pablo Tusset? Porqué, sobre todo en el caso de las compañías donde la movilidad geográfica de las personas es una realidad de funcionamiento, un directivo o directiva que ocupa una función por un tiempo limitado de manera consciente, como el mandato electoral de un político, puede caer fácilmente en tomar decisiones a partir del “tiene que recortarse siempre lo que pase más desapercibido”. Bueno, la suerte es que pocas personas quieren parecerse a este tipo de políticos; ¿o tal vez no?
Ah! Y ya veremos el efecto que tendrá en las políticas de desarrollo y de formación de las empresas el agotamiento de las famosas subvenciones.
Si recortar la inversión en educación provoca un efecto negativo invisible a corto plazo, mantener o aumentar esta inversión, con inteligencia, sí que produce un efecto positivo muy tangible a corto plazo en la productividad de una compañía.